La Unión Divina

La Unión Divina

El Secreto

A la unión divina, siguiendo a los que nos han hablado de ella –desde Salomón en el Cantar de los Cantares, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, los alquimistas, o los maestros del verdadero tantra de Oriente – podemos llamarla también iluminación, samadhi, o nirvana. En Oriente se describe la iluminación como la unión con el Todo. En la tradición occidental se habla de las bodas alquímicas, en el cristianismo de la cámara nupcial. Estas son algunas definiciones que aparecen en el diccionario de la Real Academia sobre el concepto de unión:

  • Acción y efecto de unir o unirse.
  • Alianza, confederación, compañía.
  • Correspondencia y conformidad de una cosa con otra.
  • Correspondencia y concordia de los ánimos y voluntades.
  • Acción y efecto de unirse en matrimonio.
  • Composición que resulta de la mezcla de algunas cosas que se incorporan entre sí.
  • Grado de perfección espiritual en que el alma, desasida de toda criatura, se une con su Creador.

De aquí podemos deducir que la unión es algo que se da por una alianza, cuando hay correspondencia, conformidad, y concordia (semejanza). Entonces es posible el matrimonio, en este caso sagrado, con el Creador.

Este es el secreto mejor guardado en todas las tradiciones espirituales, y su práctica siempre ha sido rodeada de misterios. No porque se haya querido ocultar, sino porque el acto es tan misterioso en sí y tan alejado de nuestra realidad social, que no hay palabras para explicarlo. Dice San Juan de la Cruz en El Cántico Espiritual: “Porque ¿Quién podrá escribir lo que a las almas amorosas, donde Él mora, hace entender? Y ¿Quién podrá manifestar con palabras lo que las hace sentir? Y ¿Quién finalmente lo que las hace desear? Cierto, nadie lo puede; cierto, ni ellas mismas por quien pasa lo pueden. Porque esta es la causa por que con figuras, comparaciones y semejanzas, antes rebosan algo de lo que sienten y de la abundancia del espíritu vierten secretos misterios, que con razones lo declaran”.

Además es muy fácil que dé lugar a confusiones y a prácticas erróneas o peligrosas para la salud mental. Pero, en nuestro tiempo, cuando ya se ha abierto mucha información sagrada, escuchamos, por diferentes vías, hablar de kundalini, de tantra, de sexo sagrado, etc. Con frecuencia lo dicho sobre este tema es parcial o sesgado. “Por sus obras los conoceréis.”

 

La Semejanza

No hay posible unión entre dos seres de naturalezas distintas, entre una rosa y un águila, por ejemplo. La unión con ÉlElla, Dios, es posible gracias a la semejanza.

Pero, a pesar de que somos a Su imagen y semejanza, la unión no se da de forma natural. Si nos dejamos llevar por nuestros instintos y por nuestra naturaleza egóica, podemos vivir vida tras vida sin recordar quién somos, ni de dónde venimos. Ya hemos hablado en otro artículo de esta misma sección (El Templo Interior) de la razón de este proceso evolutivo en el que estamos inmersos, de la libertad, que se alcanza plenamente en esta unión sagrada.

La semejanza está en el Árbol de la Vida, en nuestra naturaleza divina. Recordemos que somos hijos del Altísimo Mismo. En la Tierra nuestros padres son intermediarios de ÉlElla, pero nuestro espíritu brota directamente del Creador.

Al poner el Árbol de la Vida en nuestra alma, nos da la posibilidad de re-conocerLo en nosotros y de reconocer nuestra verdadera naturaleza en la semejanza con ÉlElla. Al activar el Árbol tomamos conciencia de tener estructura, potencias y dones similares a los Suyos, semejantes.

Ya conscientes de la semejanza, puede nacer el amor. Libremente nos enamoramos de Su hermosura, y sentimos cómo Su amor nos embellece.

 

El Amor

Dice San Juan de la Cruz que el amor lo iguala todo. En el amor nos fundimos con el perfume de una rosa, con un paisaje o con cualquier ser. El amor une lo que estaba separado. ÉlElla nos proyecta de Sí Mismo y nos sopla la vida, así quedamos separados de ÉlElla y unos de otros. Esta separación es dolorosa porque dejamos de sentir plenitud, y lo que queda fuera de nosotros se convierte en objeto de deseo, lo sentimos como algo propio que se separó. ÉlElla nos separa, pero nos ama. Y Su amor nos rescata.

A través del amor estamos unidos a Todo y la unión en el amor es indisoluble. El amor interconecta todo, el corazón es el centro del ser.

ÉlElla ama, Se ama, y nosotros somos frutos de Su amor. Por amor nos hace a Su imagen y semejanza, hijos. Y pone en nosotros Su misma capacidad de amar. Podemos amarnos entre nosotros y, cuando tomamos plena conciencia de ser hijos, amarLo. Cuando amamos, deseamos entregarnos al ser amado y, desde la profundidad, nos sentimos impulsados a compartir con quien amamos. Así ÉlElla quiere, por amor, compartir con nosotros Su creación.

 

La Unión

Compartir, unir lo partido, lo separado.

El hijo pródigo regresa a casa, el padre lo recibe y se unen en un abrazo de amor. Este es amor verdadero porque es libre por ambas partes. Cuando nos sentimos plenamente libres, podemos amarnos y entregarnos totalmente, rendidos a Su amorosa voluntad.

Cuando Lo reconocemos y Lo recordamos, cuando percibimos Su inexpresable belleza y Su tierno amor hacia nosotros Sus hijitos, Lo amamos. Y el amor, como ocurre en ÉlElla al crearnos, impulsa la vida, la energía que nos lleva a la unión. Así somos impulsados a la unión con nuestros seres amados en la tierra, así somos impulsados a la unión con ÉlElla.

Al sentir amor, Lo sentimos a Sí Mismo manifestado, nos identificamos con ÉlElla, con Su centro, con Su corazón. Podemos sentir esta excelsitud y esto nos iguala a ÉlElla, salvando la proporción.

En la igualdad, sí nos podemos unir.

Cuando dos seres se unen en el amor, en la intercomunicación hay una transferencia total y voluntaria de uno a otro. En esta unión sagrada Padre/Madre Se vive en nosotros y nosotros nos vivimos en ÉlElla. Entonces se produce la transmutación y somos divinos, conscientes y vivos en el amor, en libertad y, realmente, a Su imagen y semejanza, hijos de Dios, en ÉlElla, con ÉlElla por la eternidad.