La Libertad y Dios

La Libertad y Dios

¿Qué es la Libertad?

Ante esta pregunta, en todos nosotros surge inmediatamente una sensación de saber lo que es la libertad. Pero cuando intentamos expresarlo, es intangible, como Padre Madre, Dios… es indefinible.

La libertad es un valor primordial, ya que permite que los demás valores existan. Sin libertad no tendría valor la bondad, el amor, la compasión, etc. En principio, la libertad es tener la posibilidad de actuar o no, sin interferencias, presiones ni constricciones.

Nos alegramos al tocar el tema. La sentimos profundamente en el corazón y nos rebelamos ante cualquier atisbo de transgredirla. La libertad es lo que más anhelamos, individualmente y como sociedades. Cuando alguien ha tratado de negarla, a nivel personal o social, ha provocado revoluciones.

La libertad es la esencia de nuestro ser y es irrenunciable. Es lo que más protegemos, nuestra mayor riqueza. No somos libres de haber nacido porque fue involuntario de nuestra parte, pero sí tenemos libertad para asumirlo.

Sin embargo no nos sentimos totalmente libres y, generalmente, culpamos de ello a los demás. Parecería que la libertad total solamente es posible en soledad, pero esto se contradice con el amor. Dios es libre porque es Único, – dos iguales no pueden ser totalmente libres –  entonces para darnos libertad, nos hace también únicos. Parece que los demás nos limiten y, sin embargo, la libertad en soledad no tiene sentido.

Aunque no logremos definirla, creo que podemos decir que la libertad es algo muy sagrado que llevamos dentro, y es lo que entregamos en el amor.

 

Los Límites

Dios nos entrega el libre albedrío, pero en la manifestación, la libertad no puede ser sin límites.

El acercamiento a Lo Divino siempre nos plantea paradojas. ¿Cómo combinar la libertad y la limitación? Si somos capaces de hacernos esta pregunta es que realmente somos a Su imagen y semejanza, porque esta cuestión, que parece irresoluble, es lo que Dios resolvió al iniciar la creación.

La kabaláh nos habla del Tzimtzum, la contracción original. Dios es Inmanente, está en todo puesto que es Todo. Entonces crea un vacío para expresar Su libertad, Su Ser, la Creación. Pero este vacío tiene límites, entonces Se expresa en esferas porque la esfera puede contener el movimiento continuo y la línea recta que seguimos al rodearla no tiene final. La esfera es la forma en que expresa Su ser infinito dentro de lo finito.

Por lo tanto la libertad puede expresarse dentro de límites. Es más, cuanto más respetamos los límites divinos, Sus leyes, más libres somos. Tenemos, por ejemplo, la libertad de destruir todos los árboles, pero luego no tendremos la libertad de respirar; tenemos la libertad de abusar del prójimo, pero luego no tendremos la libertad de ser amados… Si hiciéramos lo que las leyes prohíben, ya no gozaríamos de libertad porque los demás tendrían el mismo poder de transgredirlas y, por lo tanto, de limitarnos.

Cuando creamos en el espacio vacío, libre, que nos deja, y elegimos caminos fuera del amor, vamos en contra de Su voluntad y de Sus leyes y, sin embargo, Él no interviene porque esta chispa Suya que somos, contiene Su libertad, somos de Si Mismo.

Cuando me entrego a otro, le entrego mi libertad. Cuando Padre Madre nos crea, nos da libertad, y ésta libertad no puede ser más que Su libertad, Su entrega. Esta chispa de Sí Mismo que somos, contiene Su libertad. O sea que la libertad de que disponemos es Suya. Podríamos decir que Dios deja de ser libre en esta parte de Si Mismo para que nosotros lo seamos. Nosotros ejercemos Su libertad en este pequeño espacio-tiempo. ¿Qué más podemos hacer que dar gracias? Maravilloso Padre Madre…

 

Su Más Íntima Esencia

Nos entrega la libertad por amor, Su más íntima esencia.

Libertad es sinónimo de amor. No puede haber amor sin libertad, nadie nos puede obligar a amar. Ni puede haber libertad sin amor, porque nuestra libertad termina donde comienza la de nuestros hermanos. Sin amor, en el egoísmo, no nos respetamos, no respetamos la libertad del otro.

Libertad es sinónimo de verdad. “La verdad os hará libres”, dijo el Maestro. Nadie nos puede obligar a saber la verdad. La verdad, la Realidad que es Dios, se alcanza en libertad. Si no estamos en la verdad no podemos ser libres puesto que actuamos en ignorancia.

En esta era en que el concepto de libertad se está abriendo ante nosotros, las religiones están en profundo proceso de cambio porque, ya que nos ha sido concedida la libertad, nadie nos puede obligar a amar a Dios. Si nos sentimos forzados a ciertas creencias o prácticas religiosas por temor al castigo divino, por temor a empeorar el karma, o cualquier otra clase de temor, nuestro corazón se comprime y, finalmente, llegamos a sentir aversión hacia el Dios que, creemos, nos obliga a adorarlo. ¿Qué Dios de amor puede ser ese? Ese ser que nos presentan, ese ser soberbio que nos obliga a adorarlo y que nos castiga si no nos humillamos, no es el Dios que nos crea libres, sino una imagen superlativa de nuestro ego. Ese ser no es Padre Madre Dios, sino una creación de egos humanos.

Cuando comprendemos el infinito grado de amor incondicional de Nuestro Padre Madre hacia nosotros, sus hijitos, tan incondicional que nos concede la libertad aún sabiendo que podemos llegar a auto-destruirnos y a destruir el maravilloso reino que nos concedió. Cuando comprendemos el asombroso respeto que nos tiene. Entonces, en libertad, nos abrimos al amor, Lo amamos, y Padre Madre, feliz con nuestro retorno como el padre del hijo pródigo, nos acoge y nos inunda con Su amor.

 

La Negación

Dijimos que la libertad no puede existir sin límites porque no tiene sentido si no es expresada, pero nuestras almas aspiran a la libertad total, que no es posible si encontramos obstáculos. Por lo tanto la libertad total no puede ser más que en el vacío. Y el vacío es negación.

La libertad nos lleva a la negación de todo lo que no es verdad, es como una guía interna, un foco que ilumina, un detector de mentiras.

Así como Dios, Inmanente, hizo un vacío en Si Mismo para expresarse, nosotros debemos hacerlo para ser libres. Nuestro ego confundido, cree que tiene que llenarlo todo de su presencia, queriendo así suplantar al Creador. Y esta supuesta plenitud de algo irreal, puesto que transitorio, es opresora. Así perdemos la libertad y se la hacemos perder a los demás. Mientras estamos llenos de conceptos, creencias o memorias agitadas, mientras todo está lleno, no hay espacio para la libertad.

Por esta razón, en todas las tradiciones espirituales se nos dice que debemos vaciar la mente o entrar en la noche oscura para ser iluminados. La copa vacía, pura,  se puede llenar de Su Luz pura, porque toda luz viene de Dios.

Somos más libres cuando más puros, más puros cuando más vacíos, y cuanto más vacíos, más llenos de Su Sabiduría, más cercanos a la verdad, a Dios, YHVH, la Realidad.

En el amor entregamos la libertad. Cuando hemos evolucionado en el amor incondicional, cuando nos rendimos a Su libre voluntad, entonces, ya seres humanos maduros, Padre Madre nos concede nuestra herencia: la libertad divina.

Y no hay nada más preciado. Es el final del temor.