La Bondad de Dios y los Ángeles

Los Prejuicios que Tenemos para no Recibir la Bondad de Dios a través de sus Ángeles

La mayoría del tiempo no nos damos cuenta de la rigidez de nuestros prejuicios sobre lo que merecemos y podemos recibir de Dios. Pensamos que no somos lo suficientemente buenos, que nuestros errores del pasado son imperdonables y que los demás merecen más que nosotros. También, tenemos barreras de temor al creer que los otros se pueden disgustar si recibimos “demasiado” y que seguramente si Dios nos da a nosotros,  habrán otros que no recibirán. Nos han enseñando que “pedir” es un acto de egoísmo. Que puede ser que pidamos lo equivocado y a la larga nos dañe. Estamos condicionados a temer lo que recibimos de Dios. Nos es difícil definir qué queremos y para qué. Muchas veces juzgamos que nuestras peticiones son tontas, absurdas e insignificantes.

Nuestra relación con Dios es ambivalente entre el amor y temor y nos aburre rezar porque no hemos aprendido cómo hacerlo. Creemos que tenemos que hacer oraciones complicadas para que nuestras peticiones sean escuchadas por el cielo. No tenemos idea del poder que tiene la oración hecha espontáneamente con el corazón.

Estos pensamientos y creencias son grandes barreras que ponemos para obstaculizar la manifestación de nuestras peticiones, pues las mismas nos alejan de la sintonía del amor en luz y perpetúan nuestra sintonía con el miedo. Con miedo no podemos llegar a ningún lado, ni para pedir ni recibir. Los Ángeles no pueden manifestar su ayuda si ponemos estas piedras en el camino.

 

Lo que Podemos Recibir de Dios

El Universo se sujeta a ciertas leyes espirituales de las cuales nosotros somos parte. Es necesario estar conscientes de que existe un plan divino para cada uno de nosotros. De esta manera podremos recibir con alegría y buena voluntad las manifestaciones del amor de Dios en nuestra vida.

Esto significa que nuestras peticiones se van manifestando de acuerdo a la voluntad y criterio de nuestro Padre. Significa que Dios tiene libre albedrío para elegir el cómo y el cuándo se manifestará lo que pedimos de acuerdo a ese plan amoroso que tiene para nosotros. Algunas veces lo que pedimos llega pronto y otras puede tardar, pero llega en la hora precisa cuando somos capaces de recibir, agradecer, cuidar y compartir aquello que pedimos. Especialmente cuando lo que pedimos puede trascender y tocar otras vidas además de la nuestra.

Es muy importante que tengamos claro que el universo responde especialmente a nuestras peticiones que estén unificadas en claridad por el intelecto y corazón. La fuerza más poderosa de la petición es la fuerza de la emoción, sea esta positiva o negativa. Podemos incluso recibir cosas negativas al declararlas con frecuencia e intensidad (ej.: yo sólo merezco sufrir, todo lo que hago me sale mal, etc.) Al unir las altas frecuencias vibratorias del corazón como el amor, la alegría, la fe y la paciencia a nuestras peticiones habrá claridad en la intención y descripción de lo que pedimos.

 

El Poder de la Intención y la Descripción Clara de lo que Pedimos

Nuestras peticiones pueden construir o destruir. En ocasiones no pensamos en la consecuencia de nuestras peticiones. Estas tienden a manifestarse con congruencia en la intención. Podemos pedirle a Dios que nos ayude a conseguir “ese carro nuevo” o “ese viaje”, pero si la intención es presumir, alardear, destruir, o humillar es probable que el poder de la ley de la intención tarde o temprano se manifieste y la respuesta a la petición sea una lección para nuestra vanidad.

Sin embargo, podemos pedir las mismas cosas, sean materiales o intangibles, pero con una intención de construir amor, alegría, bienestar y unidad. Consecuentemente, todo aquello que va a venir será en luz. Al universo no le afecta en sí, el tamaño de lo que pedimos, pero siempre se rige por las leyes espirituales que funcionan para todos.  Debemos saber con claridad la intención que subyace en nuestras peticiones y saber los frutos que éstas sembrarán.

Otro aspecto importante es ser claros con nuestro lenguaje. Hacemos nuestras peticiones entre una nebulosa de palabras e imágenes confusas, miedos e inseguridades. El universo no puede escuchar con si no sabemos y definimos con claridad qué es lo que queremos pedir.

Debemos sanar nuestra autovaloración deteriorada por el pasado y sentirnos merecedores de formular peticiones claras. Tenemos que tomar responsabilidad sobre lo que pedimos. En ocasiones es necesario trabajar una terapia para el “yo psicológico” y poder así desarrollar más autoestima y confianza. Definitivamente esto mejorará nuestra relación de amor con Dios y con todos los seres de la luz.

 

El Pedir, Recibir y Agradecer

Algunas sugerencias para hacer nuestras peticiones a los Ángeles son las siguientes:

  • Iniciar con un tiempo para saludar a nuestro Padre, agradecer sus bendiciones y  ayuda que recibimos a través de sus Ángeles.
  • Saludar a nuestro Ángel de la Guarda, a los Ángeles o Arcángeles a quienes vamos a solicitar la petición.
  • Hacer la petición con sincera humildad, sencillez y confianza.
  • Hacer las peticiones con el corazón.
  • Pedir con auto-valoración y merecimiento, confiando en el amor de Dios por los seres humanos.
  • Hacer consciencia de la inmensidad de Dios y su generosidad.  Recordar que Él es todopoderoso y sabe lo que es para nuestro mayor bien.
  • Antes de pedir evalúe si está dispuesto a aceptar los cambios que pueden traer sus peticiones. Si encuentra algún temor o bloqueo busque ayuda para sanarlo, pues sino será difícil que usted reciba respuesta a su petición.
  • Esté dispuesto a compartir las bendiciones recibidas.
  • Busque un momento del día para dar gracias, la gratitud es la llave que abre el portal de las bendiciones celestiales.