El Paso del Yo Psicológico al Yo Espiritual

Como consecuencia de los cambios ocurridos en la post guerra, y a raíz de los movimientos que surgieron en la década de los 60, surgió la valoración de la libertad y el ejercicio de los derechos humanos. Esta intención positiva derivó en muchas decisiones; una de estas fue la de excluir de los programas educativos cualquier contenido que pudiera influenciar las creencias morales de las personas. De ahí, que por casi medio siglo los sistemas educativos prefirieron no abordar la formación de valores o creencias en los estudiantes.

Actualmente, el planeta atraviesa una crisis: ecológica, demográfica, económica, religiosa, educativa y política. Paradójicamente, todo apunta que la solidez de los valores espirituales (como por ejemplo: la paz, la solidaridad, la cooperación, la humildad, la tolerancia, etc.) será decisiva para enfrentar y resolver esta crisis y poder transformar los males que nos aquejan individual y colectivamente en oportunidades para el presente y el futuro.

Este es un tiempo para reaprender a llenar ese vacío espiritual que nuestros ancestros valoraron en alta estima. Necesitamos abrirnos a una nueva comprensión de la espiritualidad para realmente lograr cambios sólidos y trascendentes.

 

Complementariedad entre el Yo Psicológico y el Yo Espiritual

El yo psicológico de la persona se ocupa de los aspectos físicos, intelectuales, emocionales y sociales. El yo espiritual se ocupa del contacto con el yo divino, el alma de la persona y las virtudes espirituales. La zona del yo espiritual descubre el alma, cómo cuidarla y cómo usar su poder para que el yo psicológico incremente su poder de sanación.

El yo psicológico positivo, o ego sano, se complementa con el yo espiritual o yo superior. La materia contiene al espíritu en esta dimensión de realidad y posibilita la realización del viaje del mismo, aunque la realidad del yo psicológico es transitoria y la realidad del yo espiritual es eterna. Es decir, que nuestra más profunda realidad es esa: estamos realizando un viaje del alma a través del cuerpo humano y su realidad en esta dimensión.

Algunas personas se sienten atraídas por las cuestiones espirituales desde temprana edad, otras sin embargo se abren a la búsqueda del alma y sus misterios hasta que atraviesan una crisis existencial que desata cuestionamientos profundos que traspasan la visión de su realidad conocida. Cuando se despierta a la consciencia espiritual, se descubre que todos tenemos dentro un código de información (el espíritu), de luz, de consciencia, que nos une a la Fuente de la Creación y que esta conexión expande la perspectiva de nuestras posibilidades. Cuando se abre esta consciencia, se van desarrollando y expandiendo las virtudes y energías espirituales que provienen del Gran Espíritu Creador.

 

El Ego y sus Limitantes para Desarrollar la Vida Espiritual

Una parte del yo psicológico tiende a inquietarse ante las cuestiones del alma. Esa parte es la sombra del ego, la zona menos consciente, la que no podemos ver con facilidad y que muchas veces preferimos que se mantenga oculta. Se dice que en esa zona de sombra está todo lo que nos es difícil ver y aceptar. Lo que pensamos que es inadecuado, imperfecto, indeseable y que preferimos ocultar (nuestros rasgos de personalidad, defectos, errores, imperfecciones, etc.) Surge por ello, la necesidad de usar máscaras y disfraces que nos den seguridad. Esta seguridad que nos hace creer que los demás nos aceptarán, aprobarán y reconocerán, pues la fuerza de la pertenencia es la fuerza instintiva que asegura la supervivencia biológica de la especie. Sin embargo, confundimos este impulso de pertenecer, con la entrega de nuestro poder emocional, físico o intelectual a las relaciones de codependencia, pues actualmente hay muchos recursos que pueden ayudarnos a cuidar de nuestra supervivencia física.

Para sanar a esta parte separada, confusa y oculta del ego necesita ser descubierta y revelada para poder integrarla, aceptarla y amarla.  Sólo así se podrá sumar su poder al ego o yo psicológico positivo.  Esta zona es como un área en amnesia, en olvido del origen de su legítima procedencia, la Fuente Creadora, y por eso desconfía de todo lo que no está dentro de la realidad material y concreta. Cuando el alma encarna en el cuerpo, el ego psicológico, interpreta que el alcance de la realidad llega hasta donde los sentidos físicos pueden percibir.

Esta parte del ego se encuentra limitada por su visión y no conoce ni cree en el amor incondicional. Cree que tiene que competir para recibir reconocimiento y encontrar un lugar en la creación, buscando ser el centro, el primero, el más importante y el más especial. Es esa parte nuestra que quiere controlarlo todo, manejarlo todo, poseerlo todo, saberlo todo y nada le parece suficiente. De alguna manera, esa parte nuestra quiere ser dios, y teme lo que pueda salir de su radio de control y poder; vive de las apariencias y las dependencias en el constante temor.

El ego psicológico destructivo, desapoderado y confuso se resiste a entrar en la zona del yo espiritual. Éste produce sensaciones, pensamientos y emociones que constantemente distraen, confunden y descalifican la realidad espiritual y que también perturban al yo psicológico positivo para que pueda desarrollarse y ser fuerte. Así pues, alimentar el temor y la indecisión es la intención más grande del ego para poder permanecer como dueño de nuestra voluntad.

 

La Integración del Ego Psicológico

Algunos caminos psicológicos y otros espirituales han recomendado la aniquilación y destrucción del ego psicológico en la sombra. Estos caminos alimentan el desprecio hacia esa parte de nuestra condición humana, pues el ego en la sombra confunde la belleza de amarse a sí mismo con amor auténtico con el egocentrismo y el narcisismo. Olvidamos que mientras haya cuerpo físico, el yo psicológico existirá y esto significa que siempre habrán áreas por sanar o desarrollar. Además, el yo psicológico es el asiento de nuestra supervivencia y afirmación en el plano tangible. Rechazar esto, sería atentar contra algo básico para nuestro bienestar vital.

Debemos apuntar nuestro esfuerzo en entregar la parte del ego en la sombra a los brazos del yo espiritual para que pueda rendirse sin temor y aceptar la luz de la verdad (su origen divino, la Fuente del Amor). De esta forma lo exhortaremos a renunciar a querer ser el centro del Universo, a querer controlar, poseer y dominar todo para finalmente dejarse guiar por las directrices del alma.

Cuando el ego en la sombra se rinde, dejamos de guiar nuestra vida por el temor y abandonamos nuestras máscaras y disfraces que continuamente nos sirven para buscar el amor y la aceptación de los demás. El alma, por su parte, recibirá al ego con su inseguridad y sus máscaras y disfraces, sin juicio alguno, dispuesta a comprender sus necesidades amorosas más reales y profundas. Cuando permitimos que este proceso suceda, se combina el esfuerzo voluntario del yo psicológico positivo con la luz.

Si bien es cierto, que parte de este esfuerzo se hace con la inteligencia y la voluntad del yo psicológico positivo, el alma interviene por su gracia cuando hay receptividad y sabiduría para trascender el plano del intelecto y adentrarse poco a poco en el terreno de la espiritualidad. A mayor integración de todos los aspectos del ego, mayor poder interior desarrollaremos, y por ende, nuestra integridad psicológica podrá avanzar hacia grandes vuelos espirituales.

 

Como Ir Desarrollando la Vida Espiritual

Además de los recursos anteriores que reafirman una intención de conocer y hacer crecer la vida espiritual, es necesario aplicar estrategias que consisten en ponerse en un segundo estado: la meditación, la visualización, la afirmación, la oración y el silencio contemplativo. Sobretodo, mostrarse disponible a las fuerzas del alma, pues estas estrategias facilitan la acción del alma para que encuentre posibilidades de crecimiento y manifestación que el ego no posee. Es interesante comprender que mientras se van cruzando etapas del viaje espiritual, se irán presentando aspectos del ego, cada vez más profundos por sanar y transformar, incluso veremos aparecer más de nuestra sombra después de procesos espirituales intensamente luminosos. Cada etapa de suma de luz nos alista para purificar aspectos de nuestro inconsciente de estas y otras vidas.