El Alma

En la India se usa la palabra átman (significa literalmente “sí” o “sí mismo”) para designar a la “persona verdadera”, en oposición al “yo” considerado como un revestimiento superficial, artificial o aparente.

Carl Jung por su parte, descubrió la instancia del alma. A través de sus estudios pudo conocer y plantear que el inconsciente junguiano está constituido por arquetipos o núcleos de energía psíquica que se encarnan en la realidad para darle un sentido. Estas formas universales gravitan alrededor de un centro que es el yo espiritual. Jung lo llama “el arquetipo real” y nos explica que sumado al resto conforma el inconsciente colectivo. A este centro o yo espiritual Jung le llamó “Imago Dei” (imagen de Dios). En 1930 Carl Jung llegó a la convicción de que el inconsciente colectivo está centrado sobre la Instancia del Alma y da sentido y finalidad a todo el material psíquico individual y colectivo. El descubrimiento del alma lo llevó a concebir al ser humano como un ser en proceso de maduración cuya meta es sobretodo llegar a ser “sí mismo”, reencontrar su identidad real, y con éste fin, liberar a la persona de las influencias que limitan su poder como ser de luz.

Freud pide al yo psicológico tener una actitud defensiva con respecto al inconsciente, mientras que Jung propone la colaboración entre el yo psicológico consciente y el yo inconsciente.

 

Un Intento por Describir el Alma

Algunos autores intentan describir la diferencia entre el alma y el espíritu expresando que una forma sencilla de entender es notando que ambas son la misma energía: el espíritu en su calidad de emanación proviene del Gran Espíritu y el alma en su condición de estar encarnada en un cuerpo.

Algunas maneras de describir el alma:

  • El alma, el ser, es el arquetipo real del ser humano; es la totalidad y la finalidad. Es Dios en nosotros y funciona como un aspecto autónomo y diferente del yo consciente.
  • El alma es un santuario en el interior al que puede accederse desde el yo psicológico.  Es como el sabio que vive en nuestro interior, que no se equivoca y sabe gozar de la vida. Su poder es sanador, generador y transformador.
  • El alma toca e influencia todas las dimensiones de la persona: lo corporal, lo mental, lo emocional y lo espiritual.
  • Podría compararse con el ADN pues controla el desarrollo y evolución de toda persona: el cuerpo y la psiquis a la vez.
  • Se muestra trascendente ya que supera los confines de la dualidad humana: “yo soy quien soy”.
  • El alma ejerce una complementariedad con el yo psicológico consciente.
  • El alma equilibra cuando el ego tiene un comportamiento des-balanceado.
  • El alma organiza todas las funciones (cuerpo físico, pensamiento, emoción y experiencias).
  • El alma es atemporal y actúa como un campo unificador que compromete al mismo tiempo el mundo interior y el mundo exterior operando y organizando en el fenómeno de la sincronía.
  • En el alma están integradas la energía masculina y la energía femenina (ánima o mujer interior y ánimus u hombre interior).
  • El alma está en conexión con el Universo, con la Fuente de la Vida, con todo; el alma mantiene la conexión con la vida.
  • Es bueno reconocer la existencia del alma y cuidarla con amor.

 

El Poder del Alma o Yo Superior

A través del potencial del ser superior es que los deseos del yo consciente se realizan y se concretan en la experiencia. A través de las emociones humanas (como vehículos) el alma aprende y evoluciona. Por ello es muy importante no rechazarlas, sino aceptarlas, reconocerlas, valorarlas, entenderlas, transformarlas e iluminarlas a través del poder del alma.

El alma también tiene poder para sanar a la mente, a las emociones y al cuerpo. Las experiencias se repiten una y otra vez y a menudo representan lecciones aún no aprendidas o sabiduría que se ha estado rechazando.

La voz del alma es una voz suave, de inicio tímida y necesita de silencio, respeto y paz para poder ser escuchada. El yo consciente suele estar al mando y su voz es constante en la mente, por lo que se hace difícil escuchar la voz del alma. Sin embargo, es posible si realmente se quiere.

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El Conocimiento del Alma

El alma se deja intuir, más que captar directamente y no se llega a conocerle si no es por las experiencias cumbre, que son aperturas del alma. Al alma y su poder puede conocérsele con más facilidad a través de los sueños, los mitos, las leyendas y los símbolos.

Algunas de las imágenes simbólicas que representan con mayor claridad son las que representan la totalidad y el infinito, tales como: el oro puro, el agua viva, el fénix que resurge de las cenizas, el diamante indestructible, el templo interior, etc. Se observan después las figuras que remiten a un centro rodeado de un espacio infinito como los mandalas, la cruz, la figura cúbica circular y otras. Estas imágenes y símbolos tienen en común que evocan la idea de la totalidad, de perfección y de finalidad del alma habitada por lo divino.

El alma en general, se comunica a través de metáforas, de imágenes, de lo que comunica lo sensorial. El conocimiento que tiene el alma es mucho más grande que el conocimiento que tiene la mente. Esto se debe a que el alma concentra la información de todo lo ocurrido en esta vida y en las otras. Cuando entramos en contacto con el yo espiritual y estamos dispuestos a seguir sus lineamientos, la experiencia existencial crece y se llena de amor, alegría, paz, felicidad y milagros.

A través de la meditación, la oración y básicamente el ejercicio del silencio podemos ir accediendo a la percepción y comunicación con el alma.

 

¿Cómo definir la relación entre el ego y el alma?

El alma sería la llama que se refleja en el espejo y el ego sería el reflejo o su imagen que debe su existencia a la llama. En la medida que el reflejo no esté distorsionado, se proyectará la imagen real de la llama, como en la medida que el ego reconozca su dependencia con respecto al alma y siga sus lineamientos, se acercará más a reflejar la imagen de la llama original. Es decir, el ego muestra el potencial de nuestra alma única, pero hay que trabajarlo, transformarlo y verlo con amor para que pase por esta metamorfosis.

Es de suma importancia facilitar el diálogo entre el ego y el alma, pues así se irá dando el proceso de sanación del temor y el descubrimiento de la propia misión o propósito en la Tierra. El alma impregna e influencia todos los aspectos del ego y todas las actividades. Es a la vez inmanente y trascendente.

Otro aspecto importante es que cuando entramos en la valoración y conexión con el alma, la capacidad creativa se incrementa, el pensamiento obsesivo se disuelve, la confianza se expande, las relaciones pueden desarrollarse en mayor profundidad, claridad, respeto e intimidad. Cuando hay relación entre el ego y el alma la persona crece en su autonomía, pero también en su capacidad amorosa y se vuelve a balancear la vida gracias a que los eventos placenteros y las experiencias adversas se comprenden dentro de la cosmovisión espiritual.