Nuestro Bello Muro

Nuestro Bello Muro

Empieza con una hilada. Una de alegría pura de niñez. De colores vivos, alegres. Más adelante caen sobre esta ladrillos gruesos, pesados, llenos de un “nunca me van a romper el corazón otra vez” en la adolescencia. De colores grises, con mechones de rojo. Después vienen unas hiladas ordenadas, llenas de seriedad. Hiladas con tanta responsabilidad que pareciera que solitas sostienen el muro. Muchas, muchas, muchas hiladas monótonas. Pero, conforme vemos el muro, nos damos cuenta de ciertos detalles. En la hilada numero 6 hay un ladrillo verde brillante de ese recuerdo tan bonito que tenemos de un viaje a los 15 años. En la hilada numero treinta y uno hay dos ladrillos rosado vivos de esos gemelos que tanta alegría trajeron a nuestra vida. Así como estos, estratégicamente colocados, encontramos muchos más. Los muchos amores, alegrías, experiencias y lazos familiares que nunca olvidaremos.

Entonces, solo entonces, nos damos cuenta que al muro no lo sostienen los otros, duros y pesados ladrillos. Son los singulares los que hacen que nuestro muro sea imponente. Esos coloridos, bellos pedazos de arcilla que hacen que la vida valga la pena y que con mucho cuidado podemos escoger para que sigan creando un bello muro.

La pregunta es: ¿Cómo es tu muro? ¿Cómo quieres que sea?